¿Qué pensarías si te dijera que la suerte puede ser la diferencia entre obtener un 109% o un 405% de rendimiento en 20 años?
Porque es exactamente lo que habría pasado si hubieras realizado una sola inversión en el S&P 500 y la hubieras mantenido durante 20 años. Dependiendo del año en que empezaste, tu rendimiento pudo ser tan bajo como 108.73% (duplicando tu inversión), o tan alto como 405.67% (quintuplicando tu inversión).
Increíble.
La estrategia es la misma: comprar el S&P 500 al inicio del periodo y mantener la inversión —sin tocarla— durante 20 años. Sin embargo, el resultado es drásticamente distinto según el año en que hiciste la compra (algo completamente arbitrario que puede depender tan solo del año en que naciste o que empiezas a trabajar).
Si invertiste de 1999 a 2019, tu capital creció 108.73%. Si lo hiciste de 1994 a 2014, el crecimiento fue de 280.86%. Y si tuviste suerte y comenzaste en 2005, para 2025 habrías alcanzado un impresionante —aunque suertudo— 405.67%.

Entonces, ¿nos rendimos?
Si la suerte parece jugar un papel tan importante en los resultados, (¡tener la mejor suerte puede significar hasta cuatro veces más dinero que tener la peor!), ¿significa que no hay nada que podamos hacer? ¿Que la arbitrariedad de nuestro año de nacimiento definió todo? ¿Que debemos echar los brazos al aire, y dejar que nuestra vida sea controlada al azar?
No. Por supuesto que no.

Aún los suertudos necesitan paciencia
Échale un ojo más de cerca a las gráficas de arriba. La línea verde, representando la inversión con mayor suerte —aquella que después de 20 años resultó en el mayor crecimiento— pasó la mayor parte del tiempo por debajo de la mayoría de las líneas grises, que corresponden a otros periodos con menor suerte.
De hecho, por ahí de la semana 214 —resaltada en la gráfica de arriba—, la inversión había tocado su punto más bajo con una caída de casi 43%, uno de los puntos más bajos de cualquier periodo.
Un terrible comienzo.
No fue hasta el final del periodo que la inversión logró recuperarse y superar al resto.
Claro, durante esa semana 214, no había forma de saber que se recuperaría la inversión, en ese momento lo único que el inversionista sabía es que su inversión valía 43% menos que al inicio. Aún el inversionista que terminaría siendo el más suertudo iba a necesitar de la paciencia y tranquilidad necesaria para mantener su inversión en esos momentos.
Es más, su paciencia y tranquilidad serían probadas varias veces más antes del final del periodo, particularmente alrededor de las semanas 790 y 920. Si en cualquiera de esas caídas su impaciencia, ansiedad, o simple incompatibilidad de su estrategia de inversión con su perfil de riesgo orillaban al inversionista a vender, la suerte que vendría después habría sido irrelevante. Era el fin del juego, y su inversión no hubiera rendido los mismos frutos.
La conclusión es clara: la suerte favorece a los preparados.
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Aún los desafortunados se benefician de la constancia
Entonces los suertudos no pueden depender únicamente de su suerte (no pueden saber con antelación qué les depara el destino), pero los desafortunados sí pueden cambiar su mala suerte a base de constancia.

Nota la gráfica de arriba, que representa una inversión de $100 cada semana durante 20 años. La suerte sigue siendo importante, porque al inicio del periodo sigue siendo arbitrario, pero esta vez ocurre algo interesante.
Con esta constancia, en el periodo de 20 años que inició en 1999 (que en las gráficas anteriores era el mas desafortunado), ahora “solo” es 70% menor que el periodo más afortunado (que aún es el periodo que inicia en 2005).
Refrescando tu memoria, en las gráficas anteriores el periodo que inicia en 1999 creció 297% menos que el más afortunado.
Ciertamente 70% aún es una enorme diferencia —por mucho menor a 297% que esta sea. Además, el periodo que inició en 1993 y terminó en 2013 no corrió con tanta suerte, convirtiéndose en el nuevo periodo “más desafortunado”. Pero aún este nuevo periodo más desafortunado “sólo” es 108% menor al más afortunado.
La consistencia, si bien lentamente, iguala el terreno de juego y empieza a reducir la influencia de la suerte.
El interés compuesto beneficia a todos
Hasta ahora hemos visto solamente plazos de 20 años, que aunque es largo plazo y definitivamente el interés compuesto está en juego, es solo el equivalente a empezar a invertir para tu retiro hasta los 45 años (pensando en que te retirarás a los 65).
Pero, ¿qué pasa cuando extendemos el plazo a 30 años? Para muchos aún será un plazo inferior al que tendrán para invertir para su retiro.

En este nuevo escenario, ciertamente tiene que ver la suerte de haber extendido el periodo de tiempo, pero incluso aquí el impacto es notorio.
En la gráfica de plazos de 20 años, la diferencia entre los desafortunados y los suertudos era de $180,855, equivalente a $9,043 perdidos por año.
Pero al extender el plazo, la diferencia se reduce. En un horizonte de 30 años, la diferencia entre el mejor y el peor periodo es de $220,480, o el equivalente a $7,349 perdidos cada año. El papel de la suerte es ligeramente menor.
Claro, la suerte sigue presente. Nota la malísima suerte que tuvo quien empezó a invertir en 1989, esperando retirarse en 2009. Nada podía saber de la Crisis Financiera que empezaría en 2008. Lo mismo quien empezó a invertir en 1992 pensando en retirarse en 2022, nada podía saber del increíble mercado alcista que encontraría después de una Pandemia global.
Pero incluso los desafortunados lograron convertir una inversión de $156,600 ($100 semanales por 30 años) en $470,663. Nada mal.
Sea que la suerte esté de tu lado o no, utiliza la paciencia, la consistencia, y el interés compuesto para tomar las riendas de tu dinero.
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